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En la ciudad de la furia (y de los miedos)

Nunca aprendí a bailar y me arrepiento. Sin embargo, mi dislexia rítmica no impidió que en mi juventud lejana, me la pasara de bar en bar con mis amigos. Recuerdo que nos encantaba ir al Goce Pagano del centro, situado en la carrera 13 con calle 22, que ya desde ese entonces daba miedo. No existía Transmilenio, por supuesto. Salíamos, generalmente en mal estado, tipo 2 de la mañana a adentrarnos en los desasosiegos de la avenida Caracas. Nunca nos pasó nada. La razón, no la sé. Es de esos misterios insondables parecidos al enigma del por qué los uribistas no se ríen.

El caso es que en Bogotá siempre ha habido ladrones, basuras y gente fea. Tal vez a principios del dos mil logramos florecer y ser el orgullo nacional, pero eso ya es historia. Sin embargo, la ciudad hoy da grima y ganas de llorar. Sucia, fea, insegura, incierta, grotesca, antiestética. Y fría. Y no es que yo sea de otra parte o que odie a Bogotá. Por el contrario, la adoro y por eso me duele ver su estado y la postración a la que le han llevado sus mandatarios pasando por alcaldes, concejales, ediles y hasta miembros de las JAL.

En Bogotá siempre ha habido ladrones, basuras y gente fea

No vamos a echarle únicamente la culpa a Claudia, o a las marchas, a los migrantes, a la pandemia, a las bandas del microtráfico, a los hinchas de Santa fe, de Millonarios o a nosotros, los mismos bogotanos. La verdad, sea dicha, es que aparte de todos nuestros males, hemos sido gobernados por una manga de incompetentes de todos los colores y sabores y hoy como hace cuarenta años estamos llenos de ladrones, de basuras, de gente fea y de lluvia, que a la larga, es parte de su encanto.

Puede ser la edad, pero hoy me da miedo salir en Bogotá por miedo a que me roben lo poquito que no tengo, o que me rompa un tobillo en cualquier hueco, o que se me atrofien los oídos con el rap de Transmilenio. El teléfono celular solamente lo uso en casa, por lo que a la larga me saldría más barato volver al fijo, y a la billetera me falta amarrarla con pita y piola para evitar que se la lleven. Ir a un cajero es una operación de alto riesgo, y de la contaminación solamente me salva el par de tapabocas que me pongo.

Bogotá ha avanzado en muchas cosas, pero hoy su estado general es lamentable

Que tenemos cosas buenas y muchas, es obvio. Que hemos avanzado en educación, en salud y en infraestructura, claro que sí. Pero que estamos sumidos en el fango, nadie lo puede negar. Y no se ve solución. Vivimos en la ciudad de la furia y de los miedos y hasta el Goce Pagano cerró sus puertas hace tiempo y yo sigo sin bailar. De pronto es eso lo que me produce el desencanto…

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Mauricio Liévano

Reflexiones de a pie de un ciudadano en bus. Notas cotidianas con humor y sobretodo con dolor. Periodista, escritor de libros y novelas, Creador de Atardescentes .

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