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Paranoia ‘decembrina’

Se terminan, se agotan las horas del 2016 y empezamos a revisar la lista de pendientes y logrados del año. Los kilos que no bajamos, los proyectos que no logramos, el amor que no encontramos o reparamos, ese bendito hábito que queríamos dejar pero nada que se marcha, todo se convierte en una pesada carga: ¿les suena conocido?

La frustración ‘decembrina’ empieza poco a poco a apoderarse de las mentes de más de uno que termina por ahogar la culpa en todo menos darse una oportunidad de volver a intentar lograrlo (como quería tachar una meta de mi lista, me decidí a tratar de formalizar mi relación con mi delirio de bloguera).

Fin de año y Navidad se han transformado en el termómetro para ver qué tan satisfecho, o no, se siente más de uno con la vida. Sin importar lo que le haya pasado este año, hágale. Si cayó siete veces, levántese. ¿Tiene metas inconclusas? Trabaje por lograrlas, pero que errar en el camino no se convierta en una excusa para no disfrutar la vida o rendirse. Que el no haber alcanzado lo que nos propusimos no termine por dejarnos las pintas de 24 y 31 con ese ‘tufillo’ a conformismo y a rendición que nos lleva a pensar: «he fallado tantas veces y no la logro, mejor dejar así».

Pase del  «nunca cambies» a intentar ser su mejor versión, para qué quedarse igual si se puede mejor. No se conforme, todos los días son una oportunidad. No se compare, no se exija ir a la velocidad de otros, termine este año con dignidad, enfocándose en lo bueno que le pasó y por qué no, agradeciendo las malas cosas, porque finalmente esas son las que más lecciones aprendidas dejan.

Empiezan a sentirse los pasos del 2017 y en vez de irse en los extremos de la sobrexpectativa por un nuevo año o la desesperanza de no sentirse satisfecho, deje que en lo que queda de año sus pensamientos pasen de la queja al agradecimiento.

Yo, por ejemplo, decidí agradecer por el inexplicable triunfo del no, aunque voté sí; el triunfo de Trump, aunque le hacía fuerza a Clinton y el estar sola esperando un vuelo por más de 3 horas de retraso, porque fue lo que me llevó a sentarme nuevamente a escribir.

Diana Ravelo

Periodista de la Universidad Javeriana de profesión y en eterna formación. Aprendiendo del mundo digital y descubriendo poco a poco el terrenal. Vivo para Dios, amo ser mujer y creo que los jóvenes tienen el poder de cambiar el mundo entero: si se lo proponen.

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