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Andrés Lewin

Buenos Aires, 1986. Antes de ir a la cama, Andrés le pidió a su padre que lo despertara. Esa noche pasaba el cometa Halley. Su padre, no lo despertó. El cometa Halley orbita alrededor del Sol cada 76 años en promedio. Andrés tenía ocho años de edad.

Como esos libros que llegan a tus manos casi por su propia voluntad, la música de Andrés Lewin me buscó por Google. No han pasado más de cinco meses desde que escuché por primera vez su música.

La primera canción que escuche se llama Manifestación contra la depresión, es una canción sencilla, pero con una letra compleja, indescifrable, brutal. Lewin nació en Buenos Aires pero se trasladó a Madrid y allí, en el 2000, comenzó su carrera musical. Sus canciones se mueven entre el rock, el pop, la tristeza y el reggae. Es música no comercial.

Según la Wikipedia, Lewin estudió psicología en la UCM y realización de cine en el Instituto Puerta Bonita. En sus canciones sobresale el tema de la homosexualidad, y la constante más fuerte es la tristeza.

El 7 de enero de este año me enteré por Twitter de la muerte de Andrés. Pensé que era una broma de mal gusto. Quise que fuera una broma. Busqué y tanto el ABC como El País de España confirmaban la tragedia. Lewin, a sus 37 años de edad, ya no estaba en Madrid. Andrés se fue.

Si había un alma sincera esa era la suya

La muerte es un tema fuerte y delicado, sobretodo porque la muerte no es ni siquiera un tema. La partida de Lewin me mantiene pensativo. Escucho con frecuencia sus canciones y me preparo para deleitarme con su álbum póstumo “La tristeza de la Vía Láctea”, que fue presentado este mes por sus amigos Marwan, Conchita, Luis Ramiro y otros grandes músicos de la península.

Así que, mejor no hablemos de la muerte y sigamos escuchando a Andrés Lewin.

En Twitter @Vuelodeverdad

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Juan Carlos Gómez Becerra

Literatura | Opinión | Cultura

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Juan Carlos Gómez Becerra

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