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Un día con los testigos de Jehová

No vi ningún tipo de discriminación entre ellos ni escuché entre la serie de discursos algún término ofensivo o disfemismo en contra de alguna raza, religión o grupo étnico o cultural. No hubo ninguna manifestación nacionalista ni arenga que diera indicios de superioridad de un pueblo sobre otro.
No exagero al afirmar que el día de ayer fue para mí, al igual que para los 25.607 asistentes al Estadio Metropolitano de Barranquilla, un día memorable. Ningún partido de fútbol disputaba el equipo local, ningún concierto en el recinto estaba programado; sin embargo, la afluencia de público fue impresionante. Los testigos de Jehová celebraban su segundo día de Asamblea de Distrito titulada «La palabra de Dios es la verdad».
El auditorio mixto ha recibido consejos confiables basados en la Biblia desde que inició el programa el pasado 12 de julio, y seguirán recibiendo gozosos la última parte del programa que culminará esta tarde. Con estas líneas no pretendo hacer ningún tipo de proselitismo religioso; antes bien, será mi finalidad resaltar la organización del evento el día de ayer, la unidad entre los asistentes y el amor que manifiestan hacia los demás.
La programación dio inicio a la hora establecida con una bienvenida cordial de parte del orador a los asistentes. Luego, un preludio musical sonaba de fondo mientras el auditorio ocupaba de manera organizada sus asientos. ¡Imagine a más de 25.000 personas sentadas en la silletería del Metropolitano sin protagonizar un solo acto de desorden! ¡Hasta los niños mantenían una buena postura durante el programa y escuchaban con atención las enseñanzas bíblicas! Sin duda, usted debería verlo por sí mismo.
Con el fin de evitarles incomodidades, a los adultos mayores y a las personas con algún tipo de limitación física o discapacidad no se le permitía ingresar a las gradas. Para ellos se organizaron múltiples zonas acondicionadas, estratégicamente distribuidas a lo largo del estadio, mientras un número de jóvenes, hombres y mujeres por igual, se encargaban de su atención y cuidado. Resultó grato ver que cada detalle estaba pensado con antelación: en el estadio habían zonas de información, baños aseados y equipados para el público sin costo alguno por el servicio, secciones de primeros auxilios cuyos médicos y enfermeras eran testigos de Jehová voluntarios y, no lo creará, un departamento de objetos perdidos para que quien encontrara alguna pertenencia extraviada la reportara. ¡Y funcionaba! Mientras estuve allí, cuatro cristianos entregaron objetos extraviados y dos personas más estaban recibiendo, tras una breve descripción, sus pertenencias. Sorprende que los testigos de Jehová no exijan diezmos, no hagan colectas ni soliciten pagos de membresía. Su labor se sufraga completamente mediante donativos.
Si la Asamblea de los testigos de Jehová estaba bien organizada, ¿qué podré decir de la unidad y el amor que reinaba en el recinto? De acuerdo a la información de uno de los conferenciantes asignados, estaban reunidos cristianos del departamento del Atlántico y del Magdalena. Para los testigos de Jehová, las clases sociales no existen. No vi ningún tipo de discriminación entre ellos ni escuché entre la serie de discursos algún término ofensivo o disfemismo en contra de alguna raza, religión o grupo étnico o cultural. No hubo ninguna manifestación nacionalista ni arenga que diera indicios de superioridad de un pueblo sobre otro.
Los antónimos abundaban. Las invitaciones a respetar la opinión de quienes manifiestan creencias diferentes a la de los Testigos eran continuas. También los consejos a respetar la palabra de Dios y a practicar sus mandatos. Me impresionó que se invitara al auditorio a reflexionar y a pedir la guía de su Dios antes de tomar decisiones: «¿Qué haría el señor Jesús en este caso?», meditaba en monólogo dramatizado un cristiano que recibía una oferta deshonesta de negocios. No todos sabíamos que la formación en valores y principios éticos complementan las enseñanzas de quienes visitan a nuestras puertas cada domingo.
Mi asombro aún permanece ante lo visto el día de ayer. Durante el segundo día de Asamblea un número considerable de personas dedicaron su vida a Jehová mediante el bautismo público. Según me explicaba una cristiana mayor que estaba a mi lado, hoy anuncian cuántas personas reunieron los requisitos para dicha consagración. Si usted puede asistir a este último día de asamblea el día de hoy, las puertas del estadio están abiertas. Yo asistiré, quizá nos veamos allí.
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Alberto Rascht
*Artículo editado el 17/07/13, a las 22:17
Alberto Rascht

Narrador y ensayista. Magíster en Literatura Hispanoamericana y del Caribe (Universidad del Atlántico). Director de REESCRIBA y de su Revista Electrónica de Estudios Literarios (ISSN: 2145-6844)

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