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Los cambios de cosmovisión se dan con el tiempo

Por: Carolina Cárdenas Jiménez

Aún Latinoamérica permanece bajo el rezago de una idiosincrasia conservadora, creyente y cumplidora de lo establecido y el debería ser, lo cual nos ha llevado a tener una mirada de derecha y ultraderecha. Este pueblo aún sigue estando eclipsado por una época del oscurantismo y un tiempo anquilosado. No nos queda sino aceptarnos, aunque seamos hijos de la barbarie, del prejuicio, del fanatismo y la superstición. Somos hijos huérfanos de un contexto cultural, político, económico organizado y, sobre todo, coherente con nuestro proceso histórico. Coherente con nuestras raíces indígenas que fueron cortadas de forma salvaje y abrupta por otras civilizaciones que apenas estaban saliendo del oscurantismo. Ante semejante desencuentro cultural no hubo una real posibilidad de conformarse en un mundo que evolucionara a través del tiempo.

El pueblo Latinoamericano apenas inicia un proceso de comprender y aceptar las diferencias y la importancia de ser flexible frente a la diversidad ideológica, cultural, sexual y religiosa. Esta transformación de la cosmovisión durará, por lo menos, otro siglo, esto siendo optimistas. Los pilares para que surja una mirada más incluyente, respetuosa de las diferencias y solidaria será a partir de la educación, los valores en la familia y, sobre todo, el arte.

¿Por qué el arte nos puede transformar, hacernos más sensibles frente a lo que es diferente a nosotros? Porque el arte trasfigura el espíritu, acercándolo a su estado puro y primigenio, libre de prejuicios, libre de ideas preconcebidas del debería ser.

Aquello que nos puede dar libertad de aceptar el mundo en su diversidad es alejarnos de juzgar y cuestionar lo que es diferente. Esta posibilidad de cambio hará de estos pueblos un lugar más libre y civilizado para convivir.

El arte sensibiliza a los niños y jóvenes frente a su realidad, haciéndolos entender que en el mundo prevalece la diferencia y que ésta, en lugar de ser cuestionable, es la gran alternativa para humanizar a la humanidad. Además, los hace más solidarios, compasivos frente al acontecer, las dificultades del resto y la comprensión de que en el mundo la diversidad es fundamental y legitima para que cada ser humano sea un individuo, con una mirada particular y única del universo.

Carolina Cárdenas Jiménez

Narradora, poeta, columnista, docente y editora colombiana. Licenciada en Humanidades con énfasis en Lengua Castellana. Postgrado en Creación narrativa de la Universidad Central. Su obra Caen cenizas sobre la ciudad fue publicada por la editorial chilena por Conhueno (2021). Finalista en el Concurso de poesía Nueve editores con la obra Después de la nada (2021). Premio Internacional de Poesía, Rostros para autores con un rostro. Accésit, con las obras Ninguna tierra me habita Y sin embargo soy (2018). Ganó el concurso de cuento Estímulos a la Creación Artística con el libro Parajes inesperados. Ganó el segundo puesto en el II Concurso Nacional de cuento El Túnel (2011) con el texto A la deriva. Finalistas en el Concurso Nacional de Cuento La Cueva con el texto Mañana será otro día (2012). Publicó Somos náufragos (2013). Actualmente, columnista de un blog en El Tiempo, periódico de Colombia y colaboradora del Portal Cultural Quira medios. Algunos de sus textos literarios han sido publicados por El espectador (Colombia) y el periódico Co latino (Salvador). Publicó poemas en la Revista Datura del Salvador (2014) y en la antología poética latinoamericana del Salvador (2015) y en la Antología Lo que mora cerca del origen, XXI Encuentro Internacional de poesía Cereté (2015), Co Latino, suplemento tres mil, El Salvador (2015) Puesto de Combate, Colombia (2015). Cuento Publicado en Antología 35 TEUC (2018). Poema El llanto de los perdidos publicado en el Periódico El Espectador (2016). Sus obras Ninguna tierra me habita y Y sin embargo soy fueron ganadoras del Premio Internacional de Poesía Rostros para autores con rostro (2018). Ha participado en diversos Encuentros de Poesía, que se han dado en: Tabio, Facatativá, Venezuela, Bogotá, La Habana, Cereté, El Salvador, entre otros. Ha sido columnista en el Periódico Eco Latino (Salvador) y en el periódico El Mañana en México.

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